¿Cultura de la cancelación o responsabilidad en el consumo?

Reflexionando sobre separaciones y otras hierbas

El aniversario de la muerte de Maradona, la vuelta a escena del abuso producido por el Bambino Veira en 1987 gracias a la mención que Costa hace de él en Telefe, el juicio contra Darthés… En los últimos días se desarrollaron diferentes situaciones que vuelven a poner bajo el reflector a la discusión sobre el personaje público y su accionar en la vida privada. Dicha discusión se encuentra tomando la forma en la que comúnmente se busca zanjar la cuestión y planteando algo que parece tan simple como polémico: separar la obra del artista.

Yo no soy artista, pero como buen ser humanx que soy, vivo y consumo constantes formas de arte. Mi tiempo -y, por qué no, también mi dinero- está dirigido hacia una infinidad de personas que viven de sus producciones artísticas y públicas. Es por esta razón que las reflexiones suscitadas frente a aquella frase me son más frecuentes de lo que me gustaría. Con recurrencia, vuelvo sobre la misma pregunta: ¿Es posible separar la obra del artista? ¿Realmente es el/la/le creador/a/e alguien ajenx a aquello que crea y produce? ¿Es válido separar aquello que nos gusta consumir de quien le da forma?

Por supuesto que las respuestas a estos interrogantes son variadas y aceptables dentro de la subjetividad individual, pero si me dejan expresar mi opinión, la respuesta es no. Siempre propongo el mismo juego metafórico: yo conozco a unx carpinterx bárbarx que hace los mejores muebles al precio más accesible. Sin embargo, sé, de forma comprobadísima y a ciencia cierta (sobre las cartas la mesa como diría la señora Bisman), que dicha persona es una basura. Vayamos a un escenario tan común y terrible: esa persona violó a alguien. ¿Voy a recomendarlx? ¿Es moralmente ético hacer eso?

Habrá muchas personas que, quizás, dirán que sí. Yo, por muchas vueltas que le doy, creo que no. Realmente me parece insostenible pensar que lxs artistas -o lxs creadores en general- son sujetos ajenos a la sociedad en la que viven y que aquello que crean y producen no tiene injerencia en la misma. Pensar a lxs individuos como entes etéreos por fuera de todo contexto y condicionamiento político, social y cultural es ignorar lo intrínseco del intercambio humano y su constante retroalimentación de lxs unxs con lxs otrxs. Nadie nace de un repollo ni se encuentra ajenx a lo que le sucede alrededor.

Al mismo tiempo, como espectadores, no somos del todo capaces de ignorar lo que nos rodea. El arte nos moldea como sociedad. Lo más importante es que las figuras públicas -con esta categorización pretendo generalizar a lxs artistas, lxs miembrxs de la farándula, lxs productorxs, lxs deportistas, lxs políticxs y a lxs militantes- hacen y deshacen con sus discursos y acciones, ya que forman parte del entramado social. ¿O no seguimos siendo interpeladxs como argentinxs por los goles de Maradona? ¿No bailamos con la música de Michael Jackson? ¿No seguimos considerando a las películas de Woody Allen como obras maestras cinematográficas?

Ya sé, ya sé. No todo entra en la misma bolsa, tiene la misma gravedad o podemos entenderlo bajo el mismo análisis. Tampoco quiero hacer uso -y abuso- del concepto de cancelación y avalar la cancelación masiva de todo el mundo.

Lo que sí podemos hacer es ser responsables de lo que consumimos. Creo que es ahí donde radica nuestro crecimiento como sociedad. Es ahora que tenemos a Mavys Álvarez en nuestro país siendo capaz de denunciar los abusos vividos después de tantos años, es ahora que se logra llevar a juicio la violación de Darthés denunciada por Thelma Fardín.

Pensar a lxs individuos como entes etéreos por fuera de todo contexto y condicionamiento político, social y cultural es ignorar lo intrínseco del intercambio humano y su constante retroalimentación de lxs unxs con lxs otrxs

Me detengo, particularmente, en Darthés y Maradona. Son figuras centrales en el escenario argentino de la actualidad, tan dispares como lo son los lugares que ambos ocupan en la escena pública, a pesar de que los cargos que les pesan son similares. No obstante, uno de ellos sigue siendo héroe nacional tanto simbólico como material (más incluso tras su muerte). El Diego sigue siendo protagonista de las pantallas y de los canales de noticias y Darthés tuvo hace poco tiempo la oportunidad de volver a la televisión con una retransmisión de Simona, la última novela en la que participó.

¿Se puede gritar los goles de Maradona y ver las novelas en donde aparece Darthés sin avalar y apañar lo que ambos hicieron/hacen con su vida privada? ¿Realmente podemos?

La discusión sigue tan abierta como siempre. Pero creo que es un excelente momento para cuestionarnos nuestros vínculos con las producciones materiales y artísticas de la gente que llena nuestros espacios visuales, ficcionales, discursivos y de entretenimiento. Es ahora que podemos identificar las contradicciones que nos conforman y nos habitan para resignificarlas tanto de forma colectiva como individual. Todo se resume, en definitiva, a abrir los ámbitos de discusión y ser capaces de ser responsables de la información que tenemos.


Daniela Lago Secchi
es la autora de la nota.
Indi Paredes es la editora de la nota.

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